ENTREVISTA A STANLEY PAYNE,
Historiador, por Jesús Palacios en “La Razón” del 30/01/2005
«ESTE ES EL PEOR GOBIERNO DE LA DEMOCRACIA»
Por su interés y relevancia, he seleccionado la entrevista que sigue para incluirla en este sitio web. (L. B.-B.)
El hispanista prepara un ensayo sobre el deterioro de la vida social y política de la Segunda República que condujo hacia la Guerra Civil y de cómo había fórmulas para haberla podido evitar, mucho antes del asesinato de Calvo Sotelo. Como un Gobierno de Indalecio Prieto o con una mayor responsabilidad política de Alcalá Zamora y Azaña. Payne repasa la dictadura franquista, la transición, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y los nacionalismos catalán y vasco, «a los que no les interesa nada más que la independecia», según afirma. Aunque puntualiza: «Aunque pienso por un lado que España estaría mejor sin Cataluña y el País Vasco, no es menos cierto que el Gobierno debe hacer frente a sus responsabilidades».
Madrid- Stanley Payne está considerado como uno de los
mejores historiadores hispanistas de la época contemporánea de España. Profesor
de la universidad norteamericana de Wisconsin, ha investigado y analizado la
causa de los nacionalismos. En la actualidad está concluyendo un ensayo sobre la
Segunda República y los orígenes de la Guerra Civil.
-Está preparando un ensayo sobre el último período de la II República.
¿Cuáles son sus conclusiones?
-Es un análisis sobre el deterioro de la vida social y política de la Segunda
República. Sobre todo, del período del 33 al 36 y, especialmente, de los seis
meses previos a la Guerra Civil. Hubo un deterioro fundamental, consecuencia de
que el Gobierno no supo imponer la ley, la Constitución, dejando hacer a los
grupos y partidos revolucionarios, con desórdenes de todo tipo, violencia,
destrucción de la propiedad, fraude electoral –como en Granada y Cuenca–,
perversión de las instituciones o del orden público, al colocar a su frente a
elementos netamente revolucionarios. Todo ello explica el desenlace hacia la
Guerra Civil. No digo que el golpe militar, la rebelión, fuera inevitable, pero
sí al menos comprensible.
Responsabilidad.
-¿Qué aclara de la propia controversia histórica?
-Sobre todo, la responsabilidad del Gobierno Azaña y de Casares Quiroga, la
política revolucionaria de los partidos obreros y sus consecuencias; la
importancia del secuestro y asesinato de Calvo Sotelo, que aglutinó y dio más
apoyo a la rebelión. Sin ese asesinato la rebelión no hubiera sido tan fuerte.
-Hay cada vez mas opiniones que sitúan el inicio
de la Guerra Civil no en la primavera del 36 sino en octubre del 34. ¿Cuál es su
opinión?
-No pienso exactamente eso, no comparto totalmente esos criterios, ni los de
Pío Moa. La rebelión del PSOE en contra del Gobierno republicano fue un acto
importante y peligroso, fue un intento de Guerra Civil, de golpe revolucionario,
pero después de eso hubo la posibilidad de recomponer la situación, como se
hizo, al menos en parte, en 1935 y también durante 1936. Lo que se desprende de
todo esto, y es una conclusión admitida a raíz del libro de Ángel Alcalá,
pariente lejano de Alcalá Zamora, es que el liderazgo de Alcalá Zamora durante
el año 35 y la convocatoria de elecciones anticipadas en febrero de 1936 fue
algo desastroso. Alcalá Zamora distorsionó las funciones del Parlamento
impidiendo la formación de un Gobierno estable con la mayoría integrada en la
confederación derechista de Gil Robles. Casares Quiroga lo vetó y el adelanto
electoral propuesto por Alcalá Zamora, totalmente innecesario, fue un completo
error. La situación con aquellas Cortes podía haber durado un año y medio más,
hasta noviembre de 1937. Y con una duración más larga es posible que la
situación en el país se hubiera estabilizado algo, dando paso a unas nuevas
Cortes, a un nuevo gobierno mucho más estable.
-Si la guerra civil pudo ser evitada, ¿en dónde
hay que situar las responsabilidades de la misma?
-Como he dicho, no creo que la guerra civil fuera inevitable, pero después
del asesinato de Calvo Sotelo ya no se podía hacer nada. Azaña actuó demasiado
tarde, cuando la rebelión y la Guerra Civil estaban en marcha. La suya fue una
actuación irresponsable. Hubiera sido posible recomponer la situación de otro
modo; por ejemplo, con un Gobierno de Prieto, aunque yo no tengo un criterio tan
positivo sobre Indalecio Prieto como otros historiadores. Un gobierno de Prieto,
incluso integrado exclusivamente por la izquierda, también hubiera evitado la
guerra civil, porque habría controlado la situación con un poder fuerte y hecho
imposible la rebelión militar y, de otro lado, también habría metido en cintura
las actividades revolucionarias de los izquierdistas más radicales.
-Parece que su ensayo no se va a situar
precisamente en la ortodoxia de lo que se viene definiendo como políticamente
correcto...
-Cierto, no será un libro políticamente correcto. Será un libro para el
debate. En cuanto al golpe en sí, tengo la convicción de que no fue un golpe
puramente fascista, de acuerdo con la moción que presentaron los socialistas en
las Cortes hace unos años, sino un golpe republicano autoritario de derechas,
pero no un golpe para establecer un régimen fascista o semifascista como resultó
después, en los primeros años del régimen de Franco. Cuando Franco fue elegido
generalísimo, general en jefe y dictador político, al menos por una temporada,
empezó a tomar decisiones de corte más radical. Todo parece indicar que ni el
propio Franco en el momento de la rebelión tenía en claro su propia actuación
política. Inicialmente apoyaba la idea semimoderada de Mola de formar un
gobierno republicano autoritario de derechas. Pero meses después, con el cambio
político revolucionario en la zona republicana y con las posibilidades de su
propio poder, el apoyo político y militar de Alemania e Italia, Franco también
se radicalizó asumiendo la idea de que el camino del porvenir pasaba por un
régimen parecido o similar al de Mussolini.
La Transición.
-¿Qué balance hace de la monarquía de Juan Carlos?
-Bastante positivo. Y esa es la opinión generalizada y mayoritaria en la
sociedad española. Fuera de España, la experiencia de la transición se presenta
como una de las más idóneas. Sin pretenderlo, España ha creado un modelo de
transición política pacífica que utiliza las instituciones, las leyes de la
dictadura, para paso a paso, de forma legal, sin violencia, sin represalia, ir a
un sistema democrático. Esto no había funcionado anteriormente casi en ningún
país. Ahora, después de ocho años de gobierno conservador, hay un resurgimiento
del pensamiento de izquierda que está planteando una especie de segunda
transición, bajo el mensaje de que el modelo anterior fue inadecuado porque no
hubo ruptura ni se llegó a establecer un sistema izquierdista semitotalitario,
que lo que propone realmente es una nueva república. Esta tendencia me parece
peligrosa y destructiva. Realmente no es democrática al rechazar la alternancia,
la tolerancia y buscar la persecución. El gran éxito de la transición en España
es que no hubo represalias.
-Pero parece que 25 años después esa situación
modélica se está cuestionando, sobre todo en lo que se refiere a los estatutos
de autonomía de País Vasco y Cataluña.
-El desarrollo de los nacionalismos en los últimos años es un intento claro
de destruir la estructura constitucional y el modelo de Estado de España. Crear
dos regiones de hecho independientes, esa es la forma final que conciben los
nacionalistas vascos y los catalanes radicales, aunque de momento lo planteen
dentro de alguna forma de asociación con el Estado español. Pero el objetivo
final es romper la unidad de España, la estructura del Estado y el modelo de la
transición. Esta estructura constitucional de España, ha sido la primera que fue
consensuada, negociada y aceptada mayoritariamente. Fue un enorme logro cívico.
Y seguir dando privilegios a dos comunidades o regiones hasta que se
independicen, es una cosa muy seria. Quizá España estuviera mejor sin los vascos
y los catalanes. Sería un país mas tranquilo. Pero también es cierto que la vida
política en el País Vasco no es muy democrática, está muy condicionada y
distorsionada por el terrorismo, es una región sin libertades formales, y creo
que el sistema español tiene el deber y la responsabilidad de apoyar la
democracia en el País Vasco. Los partidarios del nacionalismo vasco escasamente
representan al 50 por ciento de la población del País Vasco.
-¿Qué diferencias sustanciales hay entre el
nacionalismo de la Segunda República y el actual?
-El nacionalismo vasco empezó como un movimiento antiespañol y muy
independentista, pero diez años después, Sabino Arana, antes de su muerte, se
convenció de que no había ninguna posibilidad de conseguir la independencia y
cambió por la autonomía. En el vasquismo siempre ha habido dos tendencias: una
radical independentista, que durante muchos años fue minoritaria, y la de los
moderados, mayoritaria, partidarios de la autonomía. Por eso durante la
república los proyectos eran moderados y razonables. Pero una vez comenzada la
Guerra Civil la historia del nacionalismo vasco está plagada de traiciones, lo
mismo que durante la segunda guerra mundial. En el franquismo no tuvo opción
alguna y se moderó hasta emerger con una progresiva radicalización.
-¿Por qué el nacionalismo en España se
manifiesta en la permanente insatisfacción?
-Básicamente porque no les interesa la autonomía. Lo que buscan es el dominio
total, el poder completo para su región y sobre toda la sociedad, la
nacionalista y la que no lo es. De ahí que un sistema que llegara a imponerse
así sería siempre bajo una forma autoritaria, aunque las apariencias fuesen
democráticas. Pero al nacionalismo vasco y catalán no le interesa más que la
independencia. Todo lo que no sea llegar hasta este objetivo no es más que
camuflaje.
-¿El Gobierno de Zapatero al abrir la espita de
las reformas estatutarias, es más causa del problema que de una posible
solución?
-El Gobierno de Zapatero tiene una dirección que es débil y confusa. Está
tratando de proyectar una imagen de presidente sereno, que parece no estar
asustado, lo que aún se desconoce es cuáles son los principios que hay detrás de
eso. Hay una incertidumbre que se palpa por la debilidad del Gobierno Zapatero.
Por ejemplo, sobre el «plan Ibarretxe», que algunos llaman «plan etarretxe» y
que bajo ningún concepto es aceptable, hubiera sido mucho más contundente la
firmeza de Zapatero hace unos meses. Este es un Gobierno no preparado, que en
apenas diez meses ha tropezado en muchas cuestiones. Es con mucho el peor
gobierno de la democracia.
-¿Está condicionado también por el tripartito
catalán?
-Sin duda. Y eso es otra debilidad que se viene señalando desde el comienzo.
Lo que se ha hecho en Cataluña es una recomposición del Frente Popular, que fue
un arreglo político nefasto, destructivo para España. La Ezquerra se ha
comprometido a dar su apoyo este año al gobierno en un pacto para la
estabilidad, pero la situación para Zapatero es preocupante pues nadie sabe si
ese apoyo se mantendrá y a qué precio, lo que siempre generará la inestabilidad.
E ir por delante con una sonrisa fácil y artificial no ayuda para nada.
-Aún no se ha planteado la propuesta de reforma
del estatuto catalán, pero se asegura que será un nuevo estatuto consensuado y
dentro de los límites constitucionales.
-El objetivo de los nacionalistas catalanes es el mismo que el de los vascos:
la independencia. Cambiará el lenguaje, que será más suave, y los símbolos, que
serán menos agresivos. Pero en el fondo no habrá mucha diferencia, aunque en
Cataluña se manejen dos lenguajes, el de Maragall y el de los otros.